En el Campus de Fuentenueva, la música de Mamma Mia! se ha convertido en el hilo conductor de una experiencia que va mucho más allá del baile. Cada semana, personas mayores del Aula Permanente de Formación Abierta y estudiantes universitarios comparten un espacio donde el movimiento sirve como excusa para encontrarse, escucharse y construir vínculos. La iniciativa, impulsada por Medialab UGR, se presenta como un claro ejemplo de innovación social orientada a afrontar uno de los grandes retos actuales: la soledad no deseada.
La repercusión de la iniciativa ha traspasado el ámbito universitario, con su presencia en medios como IDEAL, que han puesto el foco en esta experiencia como ejemplo de respuesta frente a la soledad no deseada.


Este taller intergeneracional funciona como un entorno donde se ponen en práctica nuevas formas de relación entre universidad y sociedad. En la pista, las diferencias de edad desaparecen y se genera un clima de confianza donde el aprendizaje fluye en ambas direcciones.
Para Isaac José Pérez López, impulsor de la propuesta, el impacto va más allá de lo visible: «El baile y la risa tienen un efecto directo en el bienestar, pero lo verdaderamente importante es que aquí se están creando redes. Es una forma de hacer frente a la soledad desde lo cotidiano, generando espacios donde las personas se sienten parte de algo».
Ese sentimiento de pertenencia es especialmente significativo entre las personas mayores participantes. Librada Ruiz, de 80 años, encontró en esta actividad un motivo para romper con la rutina y volver a ilusionarse: «Para mí, venir aquí lo cambia todo. Es el momento de la semana que espero con más ganas». Su recorrido, como el de muchas otras personas, refleja cómo el acceso a espacios de aprendizaje y participación puede transformar la vida diaria.
Al mismo tiempo, el proyecto ofrece a los estudiantes universitarios una oportunidad de aprendizaje difícil de reproducir en el aula tradicional. Antonio Muñoz, que se está formando como docente, destaca el valor de esta experiencia: «Aquí entiendes lo que significa realmente acompañar a una persona. Aprendes a motivar, a adaptarte y a generar confianza».
La clave del proyecto reside en esa conexión genuina que se genera entre generaciones. No se trata solo de enseñar pasos de baile, sino de compartir tiempo, experiencias y emociones. En ese intercambio, los jóvenes aportan energía y dinamismo, mientras que las personas mayores transmiten valores como la constancia, la resiliencia y una actitud vital que deja huella.