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“Los laboratorios universitarios innovadores alma mater fuera y dentro de la institución” por Amir Al Hasani Maturano

Autor: Amir Al Hasani Maturano

Universidad de las Islas Baleares.

La realidad tecnológica, económica, y social, reclaman una gobernanza competente ante los flamantes desafíos. La inherente definición de gobernanza propone como propósito, un desarrollo económico social e institucional sólido, asimismo, un equilibrio entre el Estado y la sociedad. De hecho, las crecientes demandas ciudadanas están aventurándose con la creación de laboratorios de innovación, en aras a una innovación del sector público. Conviene destacar que entre sus precursores describen al factor político –liderazgo en la gestión de políticas públicas-, y, al factor metodológico – construcción de técnicas innovadoras-, los aspectos claves para el desempeño de los laboratorios. Sin olvidarnos de la progresiva digitalización de la ciudadanía impulsada por las TIC´S, lo que ha conllevado una apertura de canales de participación ciudadana en los procesos de diseño o implementación de políticas públicas.

Ante este escenario, aplaudimos la creación de estos laboratorios de innovación, y su necesidad de inmersión en la universidad. En efecto, buena parte de su éxito, deriva de las capacidades de experimentación con un presupuesto diminuto, junto al testeo de proyectos pilotos sin escollos. Aunque cabe resaltar, su éxito en su metodología, tras incorporar a la ciudadanía en los procesos de toma de decisiones, una unión gobernantes-gobernados. Al ser espacios para experimentar nuevas formas de gestión pública, mediante la apertura de canales de participación y colaboración. En nuestro caso, sería un complemento al aprendizaje en la comunidad universitaria. Ya que las universidades prestan un servicio a la sociedad; la innovación puede ser el camino a su eficacia.

¿Por qué no aplicamos los laboratorios en las clases universitarias?

A pesar de las posibles reticencias o barreras a su inserción en las universidades, consideramos que plantear desafíos reales a los estudiantes, puede ser una forma útil de atraer su atención. Además de facultar un trabajo de grupo, tan importante en las profesiones de nuestros días; también la creación de vínculos de confianza social entre el alumnado, sumamente importantes en la ética profesional.  Así,  nos permite acoplar una mirada poliédrica de la realidad, analizando la problemática de hechos, desde varios puntos de vista –lógicamente sin omitir los contenidos teóricos de las asignaturas-.  Todo ello, con la misión de trabajar en el diseño de una solución experimental, en pocas palabras: ¿qué y cómo lo diseñamos?

Ciertamente, la creatividad y la originalidad se desarrolla por conjunto en los estudiantes; evitando el miedo individual a los posibles comentarios despectivos.  Consideramos que refuerza claramente el compañerismo, tanto por la colaboración en grupo, como por pensar en lo público, tan necesario. La democracia diariamente se define filosóficamente, pero no siempre se experimenta directamente. La sociedad del conocimiento requiere vías distintas ante futuras amenazas. Los laboratorios en la universidad, permitirá profundizar y perfeccionar la preciada transferencia de conocimiento.

Este espacio abierto de experimentación, nos permite conocer el aprendizaje como tal. El ensayo-error, como derecho a explorar o probar –con una base de aprendizaje -, presentaría posibles soluciones a problemas colectivos públicos. La meta es la introducción científica a la política pública y al discurso público. Necesariamente acudiendo a los avances tecnológicos, como un espacio de deliberación digital. Por otro lado, la universidad de cara a la sociedad, también permitiría desarrollar la investigación y experimentación de nuevos modelos de gestión pública, una gobernanza co-diseñada, para una sociedad de la información y el conocimiento más plural.

La comunidad universitaria tenemos una oportunidad de avance,  siendo un servicio que conecta los contenidos teóricos de las materias con el fomento de una cultura participativa pública. En este punto, los laboratorios podrán desarrollar competencias propias de la asignatura y competencias transversales. Colocándola como un servicio público de calidad, haciendo permeable el aprendizaje de las aulas a la sociedad.

Fotografía de Creedi Zhong en Unsplash

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