« Volver al blog

“La innovación pública: una herramienta para construir una gobernanza democrática y deliberativa” por André-Noël Roth D

Autor: André-Noël Roth D

Lider Grupo de Investigación Análisis de las Políticas Públicas y de la Gestión Pública (APPGP) y Responsable GobLab

 

La revolución numérica o digital en curso genera transformaciones sin precedentes, no solamente en la economía (e-negocios) y la producción (innovaciones tecnológicas y organizacionales), sino también en las condiciones, formas y medios de intervención administrativa, incluido el sector público. Términos como gobierno electrónico o en línea, gobierno abierto y gobierno digital son sintomáticos de los cambios en curso. En particular, las barreras de acceso a la información, saber-poder tradicional de la administración pública, se desvanecen o se transforman profundamente. La administración pública tradicional (moderna), cerrada, jerárquica, unitaria, secreta, basada en rutinas y una cultura administrativa rígidas, que fue diseñada para garantizar una igualdad formal de los ciudadanos ante la norma, es hoy inadecuada e incapaz de hacer frente a los desafíos y problemas públicos contemporáneos. Lo mismo se puede decir de la Nueva Gestión Pública (o New Public Management), la cual tuvo entre sus objetivos principales la reducción del tamaño del Estado y la disminución del gasto público en los servicios públicos con el fin de “liberar” la sociedad de la “tutela” asfixiante de las burocracias públicas. Pretendía aumentar la eficiencia de las políticas de provisión de bienes y servicios públicos (salud, educación, etc.) mediante la extensión de la lógica de mercado y la competencia generalizada entre instituciones e individuos. La crisis del COVID-19 muestra que la aplicación de esta receta eficientista en la gestión sanitaria ha sido un error mortífero por la organización de la rarefacción de las necesidades básicas de materiales de protección y de cuidados en caso de emergencia sanitaria que causó.
Así, es preciso que la gestión pública se adapte a las nuevas condiciones culturales, económicas, sociales y políticas generadas por el cambio tecnológico, el cuestionamiento a los procesos de globalización y las aspiraciones a una mayor participación ciudadana y a una mayor autonomía y soberanía sobre nuestras vidas individuales y colectivas. En los últimos años, conceptos como la gobernanza democrática o colaborativa, la transparencia, la inclusión, el empoderamiento, la participación y la deliberación de la ciudadanía se han impuesto como una evidencia en la gestión.
El Estado y la política no pueden quedar ajenos a estas transformaciones, y la coyuntura actual es una oportunidad para democratizar el poder y la gestión pública. A los procesos de innovación social y tecnológica en curso, le debe corresponder un proceso de innovación en las formas, prácticas, instrumentos e diseños institucionales de las administraciones públicas: esto es la innovación pública. Es preciso reinventar las intervenciones del Estado aceptando la falta de conocimiento como un punto de partida para un proceso experimental e iterativo de desarrollo. La actualidad nos muestra que la tecnología puede ser usada o para reforzar la vigilancia de la ciudadanía y construir un Estado vigilante y autoritario, o para construir gobiernos más democráticos y participativos.
Es hacia esta segunda opción que debe apuntar la innovación pública, ofreciendo a la gestión pública una renovación de sus instrumentos y procesos para entregar bienes y servicios públicos adecuados no solo para la ciudadanía, sino con ella, en un contexto de reforzamiento muy necesario de la cultura y de las instituciones democráticas (ideas de co-producción, de co-creación o creación colectiva). Se trata de desarrollar iniciativas de construcción de espacios que permiten que la academia pueda jugar un papel de interfaz entre diferentes tipos de saberes: científicos (academia), institucionales (Estado, administración) y locales o propios (ciudadanía, organizaciones sociales, empresas). El papel de estos espacios consiste en analizar, proponer y experimentar estrategias y diseños político-administrativos innovadores, para favorecer la emergencia y el descubrimiento de nuevas soluciones a problemas públicos siempre más complejos. Al mismo tiempo, son espacios y prácticas que facilitan la apropiación social del conocimiento por su énfasis en la importancia de la participación e empoderamiento de las poblaciones (los involucrados) en los procesos político-administrativos desde una perspectiva transdisciplinar. En particular, se busca favorecer soluciones innovadoras partiendo de los puntos de vista de los mismos usuarios (investigación centrada en el usuario/ciudadano). Generalmente, estos espacios usan el potencial existente en las tecnologías digitales (TIC) para facilitar tanto la participación de diversos actores como una circulación y transmisión más horizontal y democrática de la información y del conocimiento.
Eso implica el diseño de una nueva institucionalidad pública para la gobernanza de los asuntos públicos. A la postre, estas acciones públicas serán más legítimas, efectivas y democráticas porque basadas en la acción colaborativa (Estado-academia-sociedad civil-empresas) de los actores involucrados y en la diversidad y mestizaje de los saberes existentes. Adicionalmente, la gobernanza genera incentivos para el desarrollo y consolidación de una cultura política basada en la negociación, el compromiso, la confianza y el respeto mutuos en reemplazo de las relaciones de fuerza, de competencia y de desconfianza hacia el otro. En este contexto, la academia, y en particular las ciencias sociales, pueden aportar su experticia por sus conocimientos y metodologías en investigación social para orientar y garantizar la legitimidad de los procesos deliberativos públicos (p.e. Conferencia de consenso, jurado ciudadanos, metodologías participativas, etc.).
En este sentido, hay que entender el concepto de laboratorio más como un escenario de construcción de conocimientos y saberes, y como fuente de innovación (un “innovatorio”), que como un mero espacio físico. Se pretende así experimentar y definir nuevos procesos y diseños político-administrativos colaborativos para una formulación, implementación o evaluación más efectiva de las acciones públicas. Se espera así incidir positivamente en el desempeño de los gobiernos y de las administraciones públicas nacionales y territoriales para una gobernanza democrática.

Artículo enviado como contribución al “Manifiesto de innovación pública desde las universidades”. 

Foto de  Christopher Burns en Unsplash