El proyecto “Cocina con alma”, tras la gran acogida de sus dos etapas previas, ha vuelto a demostrar el poder de la gastronomía como herramienta de aprendizaje, cohesión social y diálogo entre culturas y generaciones en su última fase celebrada ayer.
Después del éxito de las anteriores fases (centradas en la consolidación de un espacio culinario que ha integrado salud, creatividad y comunidad) el proyecto culminó con un taller intergeneracional e internacional celebrado en el Centro Municipal de la Mujer – Casa de la Igualdad de Maracena.
En esta sesión final participaron estudiantes de la UGR y del Aula Permanente de Formación Abierta, junto a alumnas Erasmus procedentes de Italia y Malta. El carácter internacional del encuentro permitió que las estudiantes compartieran recetas tradicionales de sus lugares de origen, elaborando platos como los ñoquis italianos o las qassatat maltesas, que despertaron gran interés entre los asistentes.
Sin embargo, más allá del aprendizaje culinario, lo más destacado de esta última fase ha sido la conexión humana generada entre jóvenes y mayores. El taller se convirtió en un espacio de intercambio en el que no solo se compartieron delantales e ingredientes, sino también historias, experiencias, risas y conversaciones que trascendieron lo gastronómico.
La jornada concluyó con una degustación conjunta de todos los platos elaborados, en un ambiente distendido y cercano que reflejó el espíritu del proyecto: crear comunidad a través de la cocina. La experiencia fue tan enriquecedora que los participantes han propuesto organizar una sesión de despedida a final de curso, con el objetivo de reencontrarse y compartir nuevamente sus recetas más especiales.
Con esta última fase, “Cocina con alma” reafirma su vocación como iniciativa universitaria comprometida con la responsabilidad social, el envejecimiento activo, el intercambio cultural y la creación de vínculos intergeneracionales, consolidándose como un referente en la vida universitaria y comunitaria de Granada.