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Vivimos en una sociedad que consume conceptos y modas a una velocidad hiperacelerada. No hay espacios para la reflexión y para el desarrollo de los mismos bajo la perspectiva del slow thinking. Crear nuevos espacios políticos y de coparticipación es uno de los grandes retos de nuestras democracias para (re)diseñar esos lugares comunes donde regenerar la res publica.

Dentro de la filosofía del gobierno abierto, la transparencia cumple un papel fundamental. Abrir nuestros sistemas políticos desde dentro y exhibirlos es parte de la solución, pero no es la solución. Al igual que la transparencia. Que existan leyes como la 19/2013 sobre transparencia y acceso a la información, es tan solo un primer paso para comenzar a construir un sistema de rendición de cuentas del sector público que fortaleza las bases de la propia democracia; pero convertir una ley en un marco para establecer rankings de transparencia porque se cumplen los objetivos que esta expone es otra cosa. La Ley no deja de ser un marco de mínimos. En la Responsabilidad Social Corporativa se espera que las empresas trasciendan el marco legal para ir más allá en su corresponsabilidad social, tal ideario debe ser perseguido especialmente por las administraciones públicas. La democracia debe ir más allá de su marco legal, mediante el establecimiento de propuestas y proyectos impulsados especialmente desde el lado ciudadano, para fortalecerla, especialmente dada la encrucijada social que vivimos a nivel mundial.

Por lo tanto, está muy bien hacer ejercicios de transparencia en la gestión (no solo lo que marca la ley, sino lo que deontológicamente supone gestionar presupuestos y gestión pública), pero hay que superar ese marco, porque si no, podemos caer en confundir la propia transparencia (legalmente establecida) en un máximo a cumplir, como parte del panóptico digital en el que hemos convertido nuestras vidas, trascendiendo el concepto de Bentham y tal como nos recuerda Byung Chul Han, la transparencia no puede convertirse en la pornografía de la información. El hecho de cubrir un marco legal, no nos puede hacer olvidar que la filosofía para regenerar la democracia está basada en la necesidad de abrir la administración, de abrir sus datos, de hacer la participación ciudadana “relevante”, esto no implica abrir más canales, sino hacer esa participación vinculante en la toma de decisiones.

Y para hacer esto no queda más que un camino: la del ensayo y el error, para descubrir nuevos senderos que refuercen la democracia, con canales de participación directos entre representantes y representados, sin olvidar todo el aparato de servidores públicos que intervienen en este proceso.

En el MediaLAB ya estamos preparando las II Jornadas de eDemocracia que irán sobre esta cuestión. ¿Qué opinas?

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